Nuestra maravillosa siesta

La palabra siesta proviene del latín “sexta”. Una breve siesta nos ayuda a aliviar el estrés, fortalece el sistema inmunológico y mejora el rendimiento. Un estudio reflejó que Madrid es la comunidad autónoma en la que más se duerme la siesta de manera ocasional y donde más se practica este hábito en fin de semana.

Su historia:

Parece que otros paises consideran que somos unos vagos por tener como costumbre dormir la siesta, además de caer en tópicos y burlas que aseguran que por ello somos poco productivos. Pero, según varios estudios parece que se trata de todo lo contrario, ya que aseguran que una buena cabezada, normalmente por debajo de la media hora, aumenta la lucidez, estimula la creatividad, reduce el estrés, mejora la percepción, la resistencia, las habilidades motrices y la precisión, mejora la vida sexual, ayuda a tomar mejores decisiones, mantiene más joven, ayuda a perder peso, reduce el riesgo de un ataque cardíaco, eleva el estado de ánimo y fortalece la memoria.

Son todo ventajas y por eso mismo yo no pienso perdérmela siempre que pueda. Viva la siesta y los que disfrutan de ella. Eso si, está demostrado científicamente que debe durar como máximo unos 30 minutos , ya que más tiempo puede trastocar el reloj biológico natural y causar insomnio por la noche.​

Entre los años 80 y los 90, la NASA realizó un estudio con pilotos de aviones para descubrir si realmente la siesta tenía tantos beneficios como los que se hablaban o no. Hicieron dos grupos de pilotos: unos dormirían una siesta durante varios días y otros no. Con ello, demostraron que la actividad cerebral de los pilotos que dormían era mucho mejor y más ágil que la de los que no la dormían.

Según hemos podido saber, los romanos se detenían a comer y a descansar en la sexta hora del día. Si tenemos en cuenta que dividieron períodos de luz de 12 horas, entonces la sexta hora corresponde en España al período comprendido entre las 1 de la tarde (en invierno) y las 3 de la tarde (en verano). Desde sus orígenes romanos, la siesta se convirtió en un fenómeno transcultural, pero fueron los particulares horarios laborales en España los que hicieron posible, la oportunidad de acomodar la siesta en nuestras vidas.

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